La súbita bajada de la
temperatura contribuyó a dejar una tarde mucho más agradable de llevar frente a
los abrasivos rigores del calor pre-veraniego, que durante la semana ya habían
anunciado lo que se prepara para los próximos meses en Madrid. En el barrio de
las letras uno siempre se siente como en casa y más entre amigos y buena
conversación, la tertulia acabó en la primera retrospectiva llegada a Europa
sobre los Wyeth (Andrew y Jamie) en el Thyssen gracias al sabio consejo del
pintor Pepe Cerdá. El sorprendente
realismo natural lleno de una luz inquietante y detallista captada al vuelo en
los campos de Maine por padre e hijo, supone un buen aperitivo cultural antes
de lanzarnos a admirar el arte de otra pareja bien distinta formada por Roger Daltrey y Pete Twonshend, el
centro neurálgico de The Who, que emerge
de las profundidades de las leyendas del rock como cabeza de cartel de la
primera edición del Mad Cool Festival.La Caja Mágica parece un buen escenario,
en principio, para ver a los autores de MagicBus o Pimball Wizard (por cierto no tocaron la primera pero sí la segunda) pero
pronto comprobamos que el desconcierto tecnológico provoca largas colas y
esperas innecesarias ante el mecanismo ideado por algún “lumbreras” desde un
despacho, para evitar el dinero en metálico en los pagos de consumiciones. Una tarjeta
incrustada en la pulsera de cada asistente debería servir como pago en las
barras, pero el sistema funciona con deficiencia y tratar de conseguir una
cerveza se convierte en una odisea con largas listas de espera. Finalmente
hidratados y guiados por mis buenos amigos Javi
y Vicente tomamos posiciones cerca del escenario principal, con el tiempo
suficiente para recordar que una buena parte de la fiesta consiste en el contacto
con el público. Como vecinos tenemos un joven ingeniero de sonido de Manresa
admirador de Black Sabbath queviaja siempre sólo a los conciertos
para vivirlos más intensamente. Un holandés que rozara la misma quinta que los
propios Who recuerda las experiencias de una actuación del 76 en Inglaterra.
Las
icónicas imágenes nos recuerdan desde el escenario que los tipos que vamos a ver
son los mayores símbolos mundiales del movimiento mod nacido en los umbrales de los 60. Dianas, lambrettas, parcas y
por supuesto Brighton y momentos de la película generacional Quadrophenia recuerdan con quien
estamos tratando. Como auguraba Javi, la primera canción que suena del glorioso
repertorio esI can’t no explainque
desata la alegría y la fiesta entre todos. Los reconocibles acordes de Twonshend
nos hacen sentir como en casa, con su emblemática “caída de brazo” empieza a
rascar en las entrañas de sus guitarras para extraer la mejor potencia sonora
de sus buenos viejos tiempos. Desluce un poco el conjunto el bajo nivel del volumen
y la descompensación de graves y agudos, pero nadie quiere pararse a pensar en
cuestiones técnicas cuando tiene a los Who delante. Los maestros van saltando
de himno en himno en un repertorio que incluye Who are You?, The Kids Are Alright, Baba O'Rileyel intimismo de See me, feel meo el emblema mod por
excelencia My Generation. Al poder
electrizante de The Who todavía le queden muchos vatios de potencia. El duo ha
rebasado los 70, el tiempo pasa inexorable y cruelmente para todos, pero su fuerza
y potencia continúan activas. Aunque Daltrey tenga ya el aspecto de un
residente habitual de las terrazas de Benidorm estilo Mike Kennedy (de los
Bravos), a su voz aún le quedan destellos de vida que recuerdan su pasado
glorioso mientras trata de seguir usando el micrófono como látigo. El regreso a
España después de su minigira del 2009 no trae nuevo disco (el último lo publicaron
en 2006) pero su histórico plantel,
condensado en la hora y media que permite el apretado horario del festival, es
suficientemente elocuente para justificar su recorrido. Hay momentos para el
recuerdo con imágenes de Keith Moon,
carismático primer baterista de la banda, y el bajista John Entwistle, que quedaron en el camino de una banda que vive con
merecimiento de su esplendoroso pasado, actualizado con las ganas de seguir
adelante que evidenciaron con la apoteósica clausura del Won't Get Fooled Again. Con fuerza y honor The Who continúan en
activo en la carrera demostrando, una vez más, por qué están en lo alto del
sagrado pódium del exclusivo club de los más grandes mitos del rock.
Más allá de la música, un
concierto de Bruce Sprinsteen es
todo un ejercicio de épica y emociones compartidas con la entrega total que
transmite El Boss. En cada canción
su garganta se desgañita como si fuera la última frase del último concierto del
mundo mientras rasca la guitarra o saca la nota más nítida posible de su
harmónica, al tiempo que exige la misma respuesta de un público que por
supuesto responde hasta la afonía entonando los himnos que el director de The E Street Band organiza. Como decía
mi amigo Vicent “con un solo gesto mueve a 60.000 personas”. La esencia de todo
está en unas composiciones que ganan fuerza con los años nacidas para sonar en
grandes estadios. Una fuerza unida a la poética de las letras del maestro de Long Branch llenas de sensibilidad,
baños de realidad y gente sencilla, que recuerdan como su genio no se basa sólo
en la contundencia que exhibe con generosidad sobre el escenario.
Vicent, Pili, Fèlix, Fanni, Capella, Marta
La tarde empezó con una
ciudad pendiente de lo que ocurría en otra. La Liga del Barcelona se decidió finalmente en Granada el mismo día en que El Boss arrancaba su gira europea en el
Camp Nou. Pacientemente iniciamos el
periplo bajo un chubasco que a nadie amilanó mientras los miles de aficionados
a Springsteen hacían descomunales colas con paciencia estoica, ante unas
extrañas medidas de seguridad que simplemente se basaban en la reducción de los
accesos y una escasa cantidad de personal dedicada a vigilar a los asistentes. Al
tomar asiento comprobamos que había varios casos de un extraño overbooking, con
varios espectadores que tenían exactamente las mismas localidades. El personal
de seguridad se enfrentó como pudo a estos entuertos de la picaresca nacida a
los calores de internet. La precaria intendencia también provocó al principio colas
excesivas para acceder a unas bebidas de precio estratosférico a causa de la
reducción de personal y de los surtidores (de cerveza).
El mejor bálsamo llegó cuando
El Boss apareció ataviado con su característico chaleco negro y dijo aquello de
“bona nit Barcelona” arropado por los supervivientes de The E Street Band. Era las 21.17 de un sábado de mayo que nuevamente
quedara marcado en el registro de los emociones de todos los que vivimos la
experiencia, seducidos por la fuerza de un hombre aferrado a su guitarra,
entregado a su banda y con una energía por la que parece ser que no pasan los
años. El encuentro empezó con evidente
intensidad con el “abreconciertos” Badlands, un himno
al trabajo duro donde Steven van Zandt
acompaño en el micro a su director mientras crecían los primeros “oh,oh,oh,oh…”
coreados por las más de 60.000 voces que dirigía el Boss. Pronto evidenció que la
única transición entre canción y canción sería el clásico “one, two, three,
four…” sin derecho al descanso entre tema y tema. La selección de dejó claro
que la oferta recorrería los mejoresy
más reconocibles momentos del creador, que al poco entonóSurrender.
Al poco se evidenció un pequeño desfase de audio, de apenas unos frames, entre
la música y la señal de vídeo de las pantallas gigantes de vídeo que acercaban
lo que pasaba en el escenario a los lugares más recónditos del Camp Nou.
Más o menos cumplida la
hora de la intensa experiencia empezó con The River, el álbum que
da motivo a la gira por el 35 aniversario del mítico doble disco, casi los
mismos que han pasado desde la primera actuación de Springsteen en Barcelona.
La revisión incluyó la mayor parte del temario, no faltaron Ties that bind o Sherry Darling . Hubo tiempo para mucho más momentos gloriosos y
peticiones del público de primera fila que arrancaron el I’m going down y Glory Days.
Glorioso se mostró en todo el momento “el jefe” que literalmente se unió al
público en varias ocasiones y llegó a subir a dos entusiasmadas fans al
escenario.No faltó de nada entre
clásicos como Dancing in The Dark, Born In the USA o Born To Turn, quefueron
apareciendo de frenéticamente en un maratón cada vez más acelerado donde
entregó un cuidado homenaje a Prince
con la versión de su emplemático Purple Rainen
format E Street. Otros curiosidades fuera de programa incluyeron Because the Night,
tema que Springteen escribió junto a Patti
Smith en el 78, y el festivo baile de Shout
originalmente grabado por los Easly Brothers, 1959.
El tiempo no tiene
concesiones para nadie y un día u otro la fiesta tenía que acabar. Después de
casi 3 horas y media y avanzando un primera despedida, el Boss que había dejado
a todos afónicos intentando seguirle decidió hacernos un último regalo con Twist and Shout que
ya culminó su concierto en el Camp Nou en 1988. Aquel fue mi primer contacto
con un concierto del Boss, que sobrepasó las 4 horas de duración. La marca del 2016 no está nada mal y sigue
siendo increíble. Ahora las luces que acompañan las baladas ya no provienen de
los mecheros sino de la luz de linterna de los móviles, todos que estábamos en
aquel concierto del 88 hemos notado el paso del tiempo, todos excepto uno… Bruce
Springsteen sigue invicto en el Camp Nou arrasando con una fuerza de apariencia
inagotable y gloriosa. Lo suyo es algo más que música.
Desde ‘I got a woman’ de Ray Charles, publicado en1954 por Atlantic
Records, la música soul en todas sus variantes ha florecido más allá del
tiempo, dando muestras de su energía y vitalidad a lo largo de todas las
décadas transcurridas.
Una buena manera de
comenzar 2016 es sin duda la propuesta que nos hace una gran mujer que viaja
con sorprendente habilidad entre las constelacionesdel jazz,
el soul y el rhythm and blues. Tres ejes sobre los que pilota la
extraordinaria voz de Tole Mohedano, que
muestra toda su fuerza y arte en su nuevo trabajo discográfico “Body
& Soul”. Una unión de ritmos donde tampoco faltan efluvios de bossa nova y swing.
Una compacto bien
combinado entre piezas que invitan directamente a la alegría como el Hallelujah I love him so del rey
Ray Charles, que aquí aparece en una lúcida versión con arreglos de Ricardo Belda que gana fuerza en la voz
de Tole. Sin duda podría convertirse perfectamente en un nuevo hit en las
pistas de baile como bien ilustra el videoclip dirigido por Javier Quintanilla con montaje de Álvaro Olavarría (Ukemotion), que acompaña el lanzamiento del
álbum.
En total “Body & Soul” más allá de su
traducción literal (“cuerpo y alma”) ofrece una cuidada selección de pequeñas
grandes joyas de “entre géneros” interpretadas junto a Tole por Ricardo Belda al piano, Luis Llario al
contrabajo, Felip Sentandreu a la batería y Ramón Cardo al saxo tenor. Todos
unidos para la ocasión bajo el reconfortante paraguas de Tolejazz.
Una reunión de titanes en un disco grabado por Vicente Sabater en los estudios Millenia, bajo la producción y apoyo directo del icónico miembro
de la escena musical valenciana Ximo Tebar.
Como Tole dice, Body & Soul es un trabajo de “materia y espíritu. Dos conceptos opuestos
pero necesariamente conectados para poder sentir, y expresar. Aquí y ahora.”
Una perfecta unión de grandes talentos que podeis encontraren la web de Tole
Esta es la historia de un
empeño. Una obsesión cumplida después de 25 años que va más allá de la música. Rafa Botella, además de un brillante
compositor e intérprete, hace hablar a la guitarra casi en primera persona de
cómo fueron sus inicios. Un relato que empieza en el momento mismo del nacimiento,
en las manos expertas de un maestro artesano en la Valencia de mediados de los
70.
Tras un largo paréntesis
Rafa, autor de la banda sonora de una versión teatral de Ay, Carmela!, retoma su carrera musical y vuelve a coger en
brazos su pareja de escenario (la guitarra). El resultado es El Perseguidor de Melodías un
libro-disco para leer y escuchar con un título que guarda varios secretos en su
interior y las ilustraciones de Carlos
Michel Fuentes.
El trabajo incluye 14 canciones, 14 pequeñas historias
contadas con una música que, como Rafa explica, “no es clásica, no es flamenca,
no es contemporánea. Es otra cosa”. El autor hace sonar su guitarra como si tocara
toda una banda, creando un ambiente lleno de una frescura tremendamente
envolvente.
ACDC, los Rolling Stones, Paco de Lucía o Andrés
Segovia son algunas de las
debilidades acumuladas por Rafa a lo largo de toda una vida de pasión musical
en sus facetas más variadas.
El trabajo, producido por
Germán Bou, es fruto de la
autoedición preparada con tesón por el mismo Rafa Botella y que sólo se puede
adquirir en el sitio-web del artista El Perseguidor de Melodías. Seguro que no tardará otro cuarto de siglo en
regalarnos más de su música. Así lo esperamos.
El trío valenciano-machego presenta su nuevo EP The
Flowers’ Cavern Part I, un evolución nítida de su camino post punk con
brillantes demostraciones de su asentado estilo. Y todo envuelto en la lisérgia
visual de una portada que incluye unos envolventes efectos ópticos. Ahora regresan a Valencia, será el 15 de
octubre en la sala 16 Toneladas.
La tarde empieza con
cervezas aderezadas con unas bravas de batalla y cacahuetes en abundancia, que
sirven de refrigerio antes de afrontar la velada que nos espera. El plan es
visitar El Loco, una de las salas de
referencia en Valencia, convertida en uno de los últimos reductos donde poder
recibir buenos directos de las bandas más variopintas.
Acudimos a la segunda
edición del Siberia Fest, un pequeño encuentro (llamarlo festival
resulta excesivo) donde se reúnen Gatomidi,
Doctor Lobo y Dezervers. El bar de
al lado se ha convertido en un improvisado
backstage de ambiente familiar, donde músicos y público apuran cañas y
cigarros mientras comparten comentarios y risas antes de empezar.
He convencido a dos
grandes amigos, Vicente y Quique, y
expertos gourmets musicales para que me acompañen en mi incursión de viernes.
Sus gustos y exigencias en cuestiones melómanas son mayores que sus demandas
gastronómicas por ello su opinión, siempre crítica y certera, pienso que
reafirmaran mis convicciones sobre uno de los grupos que venimos a ver.
La armonía de la distorsión
Gatomidilanza de manera inmediata todo su furor sonoro a partir de una única
guitarra, que despliega un sonido envolvente donde parece que haya muchos
músicos más en activo. Todo sale de la customizada Fender de Nolasco Contreras, con dos pastillas
tamaño XXL incorporadas para hacer estallar un noise propio y nítido donde la armonía del sonido potentemente
distorsionado sorprende. De la mente de Jimena
Quejigo salen el alma y las letras del
grupo, además de percutir el bajo, teclados y entonar con su voz varias
de las canciones de la banda, la pareja forman la esencia de Gatomidi junto a Julián Dolado como efectivo batería. De
ellos emanan efluvios originados en los caudales de Joy Division o Sonic Youth, en un atmosfera afterpunk aderezada de brit
pop, sin olvidar a Paul Weller, que
está entre los mitos declarados del trío.
Entre muñecas rusas
Estrofas de pérdidas
etéreas y lugares trascendentes, soledades y ausencias acompañan la explosión
sónica de ‘Enclosed spaces’, su segundo trabajo que arranca contundente con ‘White Clouds’ como primera propuesta.
Poco a poco van desgranando todo un repertorio de muñecas rusas que encajan en
un universo cuidadamente anárquico, con un audio vigilado al detalle.
En el envite no faltan
temas de su primer trabajo ‘Facing
Destiny’ entre ellos su hit del mismo nombre. La comunión entre entregados
oyentes culmina con la firma de una versión de las de verdad del ‘I’m waiting for the man’, porque Gatomidi no se limita el a reproducir el himno
compuesto por Lou Reed sobre el
gremio de los ‘camellos’ y sus dependientes, Jimena, Nolasco y Julián
reelaboran con encendido respeto la propuesta del cerebro de la Velvet convirtiéndola en otra joya
más de su cosecha. Una brillante y culminante elección para concluir el
concierto, que como no podía ser de otra manera ha entusiasmado también a mis
amigos. Así es un directo de Gatomidi y ahora pensamos repetir.
Regreso en EP de 3D
El 15 de octubre podréis vivir
experiencias como la relatada en un nuevo concierto de Gatomidi. Será en la
sala 16 Toneladas de Valencia y se
presentan con un avance de su nuevo material The Flowers’ Cavern Part I. Tres nuevas canciones (The Fortunate Ones, Love is Overrated, Space) con tres
esencias que enriquecen aún más, si cabe, la evolución de la banda dentro de su
fascinante revolución noise.
Además la portada viene
con sorpresa. Para poder disfrutarla en su totalidad la edición física de EP
constará de unas gafas 3D. Pero no solo para obtener una visión en tres
dimensiones si no que el intercambio de los canales azul y rojo, que conforman
las gafas, crea un efecto óptico dual de efectos inquietantes. Habrá que verlo.
El Festival Internacional
de Benicàssim es bastantes más cosas que una gran reunión de música y un
negocio que no siempre da los resultados esperados. En sus recintos se palpa la
emoción de pequeñas historias convertidas en grandes por sus protagonistas.
Sara y Jose se conocieron hace 14 años en el FIB, cuando ya llevaban tiempo
asistiendo al certamen por separado. A partir de entonces han seguido
compartiendo la experiencia juntos cada verano para celebrar su aniversario. Se
casaron y ahora tienen una hija que posiblemente algún día también asista al
FIB, el certamen que nació junto al mar. Este año, cuando empiezan a superarse
los problemas propiciados por la crisis económica, el FIB remonta poco a poco
el vuelo volviendo a su esencia musical. Cerradas ya las puertas de la 21
edición el balance deja un momento mágico que se ha ganado el honor de situarse
entre las vitrinas de los grandes conciertos de los muchos que por allí han
sonado. Todo empezó el jueves 16 de julio en el escenario Las Palmas,
rebautizado en honor al parque natural del Desert que preside la plana. Una
figura casi fantasmal empezó a deslizarse envuelta en las turgencias de un
vaporoso conjunto blanco, que contribuía a resaltar una melena roja. Florence Welch, discretamente rodeada
por su Machine, empezó a oficiar una
ceremonia llena de misticismo y generosidad. Sin maquillaje que distrajera la
atención de la experiencia que iba a desatar y avanzando con los pies desnudos
mostró una perfecta comunión con los músicos y la ofreció al público. Después
de una introducción tenue desplegó toda la potencia de su voz, conmovedora y
directa, que la acompañaría durante toda la sesión sin que ello le impidiera
danzar de un extremo a otro, con una pasión que la llevó a descender a primera
línea compartiendo canción con algunos de los afortunados de las primeras
filas. Su impecable dicción llegada de otro mundo fue acompañada por una
perfecta orquestación donde no faltaron himnos impelidos de una apoteosis
sinfónica como Spectrum(Say My Name), o No Ligth, No Ligth, entonados por la voz de una diosa.
Florence + Machine. Foto: Pau Bellido
Previamente el desenfreno
de los ritmos étnicos de Crystal
Figthers habían convertido el escenario literalmente en una selva, con un
atrezo que envolvía hasta los mástiles de los micrófonos. También muy de
bailar, pero más de disco que de jungla los Clean Bandit ofrecieron sus ritmos funkys retro que suenan muy a
90. Los jovencísimos Trajano! evidentemente
prefieren los 80 y muy en concreto a Joy
Division, en una versión española que transita en las zonas oscuras de Parálisis Permanente o Décima Víctima. Entre la nutrida presencia
de bandas hispanas sonaron los alicantinos Mox
Nox, el primer grupo incluido en la programación con el repertorio en
valenciano. Llegados de Barcelona Ocellot,
que removieron el ambiente cubiertos en sus capas de purpurina enfundados en el
escenario transformer, una especie de furgoneta music truck de reducido tamaño y nombre de bebida energética,
convertida en la última adquisición como tercer espacio de conciertos. Un lugar
donde casi no cabían Vesseles con su
electro jazz que utilizan como cantante los samplers de una voz femenina. El
primero gran auto tributo a la época dorada al brit pop llegó con Noel Gallagher’s High Flying Birds, que
diseñó un repertorio destinado a culminar con alguno de los hits de uno de los
hits de Oasis de los tiempos en que
aún se llevaba con su hermano, la elegida fue Don’t Look Back In Anger. Blur,
más enteros, elevaron el listón de sus antiguos competidores en la versión del
sábado, recordando la solidez de su eternamente juvenil propuesta después de
cumplir un cuarto de siglo haciendo de chicos divertidos. El tamiz punk rock de
Jaime T evocó los modos y sonido de
los Clash o los Buzcoocks, que hizo las delicias de algunos de los espectadores más
jóvenes, retoños de apenas 8 o 9 años que coreaban junto a sus padres like aZombie, el pegadizo estribillo de uno de las canciones estrella de
la banda, con diez años ya en acción. El registro más agresivo lo puso Prodigy con sus estribillos salidos de
una mala digestión, que siguen el reflujo de su primegio Nasty, que sonó para confirmar que los tipos más amenazadores de
todo el lugar estaban subidos en el escenario.
Los Planetas + Mendieta. Foto: Pau Bellido
Los Planetas tuvieron su baño de masas, convertidos en la banda peninsular que más
veces ha sonado en el FIB. El retorno del porcentaje de público español y local
se notaba en los momentos de los coros de la icónica banda indie. El inesperado
cameo apareció cuando la banda de J
entonó su himno oficial Un buen día. El
interior derecho Gaizka Mendieta, uno
de los protagonistas de la letra, acompañó la ejecución a la guitarra
recordando su buena relación con los granadinos en un maridaje con mucho sabor
a guitarra.
Guitarras y juego de
voces componen el consorcio FFS,
asociación que reúne a los escoceses Franz
Ferdinand y los americanos Spark, peculiar
emulsión pop de los 70. A pesar de que llevan años colaborando, su primer disco
conjunto, de nombre homónimo, acaba de salir. Los inquietantes tirones de
elegancia consiguieron atrapar una vez más a los que asomaron a compartir
momentos con Portishead, elevados
desde hace años al pulpito de la modernidad con un repertorio ilustre. La fiesta
subió al escenario-autobús con Joe
Crepúsculo, Una Máquina de Baile capaz de sonsacar los ritmos más
inesperados. Los castellonenses De
Bigote, encargados de abrir fuego a primera hora, cuando no había sombra
donde guarecerse, mostraron una calidad que justifica su presencia en las ardientes
arenas del FIB mientras desplegaban su pop cuidado y estilizado en el escenario
Las Palmas, el lugar reservado para los grandes donde se volvieron a vivir
momentos memorables. La magia del FIB volverá.
La temporada de
festivales, como las lluvias en verano, se adelanta cada año. Tal vez a causa
del calentamiento global, que avanza inexorable, o quizás por la inercia de una
vida que exige novedades de manera inmediata los acontecimientos se precipitan.
La previsión anuncia, no obstante, que el FIB
llega a su hora. El Festival Internacional deBenicàssim cumple 21 años consolidando su posición como
decano de los certámenes versión macro. Desde su incipiente nacimiento en el
Velódromo de la ciudad castellonense, la apuesta por la escena más alternativa
ha sido hábilmente combinada con valores seguros entre las tribus indie. Una prueba más es la inclusión entre
los cabezas de cartel de tres colosos nacidos en los 90, todos ellos
originarios de las islas donde el té se toma siempre a las cinco y la reina es
eterna. El ejemplo máximo de los llamados grupos de culto noventeros es Portishead. En más de 20 años les han
bastado tres discos para convertirse en iconos de la after modernidad, su
magisterio lo vale. Dummyfue el primero con su deslumbrante
oscuridad, que renovó la escena del Bristol sound para internacionalizarla. Le
siguió el homónimo Porstishead, que
avanzó por caminos más arenosos y el tercero fue llamado como no podía ser de
otra manera Third. Es la personal
trilogía, adobada con algunos remixes, de un grupo que ha sabido sacar el
máximo partido a sus samplers y su revolucionaria manera de programar la música
electrónica, que fue llamada trip hop porque alguna etiqueta hay que poner,
aunque a ellos no les guste. Una legado viviente que ha pasado a integrarse en
la cotidianidad más cercana, generando derivados ciertamente inocuos que sirven
de relleno a los hilos musicales de las consultas de profesionales de la
ortodoncia y los ascensores más cool. Mucho mejor ver a los originales y además
en directo.
En el otro extremo de la
balanza se sitúa Prodigy, con sus
guturales cantos que parecen proceder de un intestino atormentando llevando los
ritmos electrónicos por los derroteros más hardcore posibles. No es su primer
desembarco en el FIB, a diferencia de Portishead sí tienen más de tres discos y
en esta ocasión presentan trabajo nuevo, The
Day is my Enemy, cuyo título deja clara la filosofía de vida diaria de sus
contundentes ritmos siempre llenos de energía. Más melodiosas son las
propuestas eternamente pubescentes de Blur,
sus guitarras y voces post beat evocan los tiempos gloriosos del brit pop
que aún sigue dando juego. La diversión está también asegurada con Kaiser Chiefs, veremos si Ricki Wilson vuelve a escalar a lo más
alto del escenario ascendiendo por la torre de luces, como hiciera en 2013. No
faltará a la cita de Benicàssim Noel
Gallagher, uno de los representantes de la otra banda que competía, más o
menos ficticiamente, por liderar el género. El rostro más afable de los
colíderes de Oasis frente a su irascible
hermano Lian se presenta el certamen escoltado por sus High Flying Birds
A la terna se une una
propuesta más reciente pero de éxito ciertamente consolidado.Florence and The Machine, desplegará
su folk armonioso y orquestado sobre las arenas de Benicàssim. Desde 2007 la
melena pelirroja de Florence Welch
viene desplegando sus encantos y su voz cándida, elegante y al mismo tiempo
decidida, con la que sigue llenando recintos, entre ellos el Royal Albert Hall en
el centro del sacro imperio británico. La visita es deuda después de suspender
su primera asistencia prevista para el FIB 2012. Y entre los que repiten una
vez más están Los Planetas, siempre
muy bien recibidos en uno de sus ambientes naturales, como auténticos máximos
exponente del indie patrio, con ellos seguro que será un buen día.
Por supuesto no hay que
perderse la siempre insospechada puesta en escena de Joe Crepúsculo, que desde su ignota seriedad presencial augura
siempre buenos motivos para la fiesta que siempre suena brillante al mando de su
fábrica de baile. Y como manda la tradición Aldo Linaresrubricará el acto final. Desde la primera edición del FIB y los tiempos gloriosos de la
sala Maravillas se encarga de clausurar oficialmente el
festival (oficiosamente la cosa suele alargarse algunos días para los más
impulsivos) con su sesión siempre eclécticamente sorprendente más allá del
tiempo y del espacio. Al menos eso es lo que dice la previsión que incluye
hasta 100 propuestas diferentes en el cartel. Una programación que augura
buenos tiempos para la música este verano en Benicàssim.